Los niños y la música

Durante los más de tres años que llevo trabajando en mi casa, no recuerdo haber puesto a los niños música infantil en muchas ocasiones; con ello no me refiero sólo a la más comercial, sino a cualquier tipo de pieza creada o adaptada especialmente para niños. No se trata de una cuestión de principios que me lleve a rechazarla o criticarla (sé que hay música infantil de calidad), simplemente considero que en su día a día tienen muchas oportunidades de escucharla, sobre todo en comercios, eventos y centros de ocio infantil, y me apetece acercarles otros tipos de música.

Por otra parte, estoy convencida de que pueden apreciar casi cualquier género musical y además en versión original, sin arreglos que, supuestamente, la hagan más accesible a los oídos infantiles. Las versiones simplificadas y dulcificadas de música clásica, por ejemplo, o de temas de rock and roll, siempre me pareció que perdían mucha fuerza y expresividad respecto a las originales y no veo razón para que los niños no puedan disfrutarlas en toda su potencia y complejidad. Ellos son profundamente sensibles a la belleza en cualquiera de sus formas, y la música les cala en lo más hondo, moldeando sus emociones, despertando su imaginación y espoleando su creatividad: los lanza a la acción, como “When the Saints Go Marching In”, de Louis Amstrong, o al baile, igual que, por ejemplo, “See you Later, Alligator”, the Bill Haley; puede inclinarlos al humor, como sucede con “Baby Elephant Walk”, de Henry Mancini,que les encanta y que piden una y otra vez, invitarlos a explorar la melancolía, como la “Serenata para Cuerdas en Mi Mayor”, de Dvorak, o llenarles de serenidad y alegría, como “La Mañana”, de Grieg, o la “Sinfonía Pastoral” de Beethoven.

Algunos músicos ejercen una influencia curiosa sobre ellos: Mozart, por ejemplo, tiene un efecto sedante, aún en sus aires más alegres y movidos; Wim Mertens, un compositor minimalista que me atreví a “pincharles”(eso sí: sólo sus piezas menos repetitivas), les ayuda a concentrarse, provocando incluso que se aíslen un poco del entorno y se enfrasquen en lo que estén haciendo... En cualquier caso, la música rara vez les deja indiferentes, influye en ellos de una u otra manera, dejando una huella más o menos duradera. Por eso me gusta cuidar ese aspecto, quizá sólo aparentemente secundario, y ofrecerles la oportunidad de descubrir una gran variedad de estilos, autores, instrumentos, ritmos y voces: desde Vivaldi hasta Paul Simon, pasando por Bach, Boccherini, la música tradicional o étnica, Vinicius de Moraes, Ennio Morricone, Little Richard, The Platters, Eva Cassidy, bandas sonoras como la de “Barry Lyndon”... todo lo que considere que tiene una cierta calidad y sea capaz de inspirarles y acompañarles. Muchas veces es difícil no transmitir a los niños nuestros gustos (los míos, como se ve, son muy clásicos), pero me parece interesante y beneficioso mostrarles aquello que nos entusiasma y emociona. Os animo a compartirlo con ellos, y os dejo el enlace a una canción interpretada por Johnny Cash que, sin ser una nana, suena como si lo fuera...

https://www.youtube.com/watch?v=cGa3zFRqDn4&list=RDcGa3zFRqDn4