La interacción entre bebés

Aunque está muy extendida la idea de que la asistencia de los niños pequeños a centros infantiles es beneficiosa para ellos porque facilita su socialización, lo cierto es que a edades tan tempranas no se da una interacción social tal como la entendemos entre los adultos y entre los niños que han superado la primera infancia. Sin embargo, a medida que se acercan al año de vida, empiezan a observarse en ellos una serie de conductas que podrían considerarse esbozos de socialización; estos comportamientos, en los que intervienen más la observación y la imitación que la intención comunicativa, dan como resultado una influencia mutua que favorece la incorporación de nuevos esquemas y, por tanto, el aprendizaje.

Cuando las condiciones son las adecuadas (los bebés tienen cerca a una persona de su confianza que no trata de intervenir ni dirigir, sus necesidades básicas están cubiertas, y el ambiente es tranquilo y atractivo para ellos), entre un pequeño grupo de niños en torno al año y medio de edad se establece un tipo de juego que se caracteriza por no ser compartido, pero sí “contagiado”, es decir: se motivan unos a otros a la acción y la exploración. No suele tratarse de una imitación intencionada, ni de una observación consciente y sostenida, más bien es como si se transmitieran el impulso de actuar mirándose “con el rabillo del ojo”, sin aparentar hacerse demasiado caso... y aún así, de alguna manera aprenden unos de otros: es la magia del juego en paralelo.

En ese contexto de actividad individual pero simultánea, surge a veces de manera espontánea un contacto puntual que anticipa el juego compartido, la relación social entre iguales. Por ejemplo, Emma, de catorce meses, coge las manos de Noelia, de doce meses, y las guía para que haga palmitas; o Noelia le va dando animales de juguete a Tomás que, con solo diez meses, no puede todavía apreciar la generosidad de su compañera... Aún así, Tomás “marca tendencia” cuando pasa arrastrándose de un lado a otro de una estantería como si fuera un túnel, y las dos niñas lo imitan durante un buen rato; esa acción pasará ya a formar parte de sus juegos en adelante.

Gracias a esta proximidad entre ellos, la agilidad de Noelia, la destreza de Emma para la pinza digital y la audacia y espíritu de aventura de Tomás calarán en mayor o menor medida en los tres, asimilándose a sus estructuras mentales y dando lugar a tres mundos irrepetibles.