La importancia del contexto en el juego con objetos

Hace un tiempo preparé en una cesta un pequeño montón de monederos y carteras de materiales, formas y colores variados, con distintos sistemas de cierre: de cremallera, de imán, de boquilla, de broche de presión… El objetivo era que los niños los manipulasen para explorar todas las posibilidades que ofrecían sus diversos diseños y texturas, así como los distintos mecanismos para abrirlos y cerrarlos; que investigasen qué cosas podían guardarse en ellos, dónde podían estos meterse a su vez, si cabían algunos dentro de otros, si era posible trasvasar contenido entre ellos, etc.

Esta provocación dio más o menos resultado en momentos puntuales y de manera un tanto discontinua, sin que el juego durase mucho tiempo en cada ocasión. Pero un día que dejé sin querer mi monedero, con unas cuantas monedas dentro, en una parte de la silla accesible para ellos, éste elemento de uso cotidiano captó su atención instantáneamente y de forma tan absorbente que durante un buen rato no tuvieron ojos para ninguna otra cosa; era como si intuyesen que ese objeto realmente tenía un sentido, que no había sido preparado de forma artificial para, simplemente, ser manipulado, aislándolo así de su contexto: era un monedero “de verdad”, con dinero real, que tenía un significado profundo en la vida práctica de los adultos, ésa vida práctica que a ellos les atrae poderosamente y cuyas claves intentan descifrar imitando y reproduciendo continuamente sus rituales.

Lo mismo había observado antes con algunos materiales especialmente ideados para el juego simbólico, como una cubo y una fregona, un martillo de juguete, un teléfono, herramientas de jardinería, etc. Todos ellos poco tienen que hacer frente a su análogo en la vida real, para qué nos vamos a engañar… El uso que los pequeños puedan hacer de estos últimos ya depende de los límites que en cada casa o familia se establezcan, basados en la seguridad y el cuidado del entorno, de nosotros mismos y de los demás.